Si el diente está sano, cúbrelo lo menos posible. Si ya está dañado, cúbrelo por completo. Lo demás son detalles.
Una carilla es una lámina cerámica de 0,3–0,7 mm adherida a la cara frontal del diente. Una corona envuelve el diente entero. Esa diferencia — solo la cara frontal frente a la cobertura completa — determina todo lo demás: cuánto esmalte se retira, cuánto dura y qué puede corregir.
El esmalte no vuelve a crecer. Si tus dientes son estructuralmente sólidos y el problema es el color, pequeños desportillados o un apiñamiento leve, las carillas conservan tejido que una corona eliminaría. Elegir coronas por comodidad sobre dientes sanos es el sobretratamiento más común de la odontología estética.
Los dientes endodonciados, los muy obturados, los fisurados y las malposiciones graves necesitan cobertura completa. Una carilla adherida a un diente debilitado transmite tensión a una estructura que no puede soportarla.
Carillas desde 200 € por diente, coronas de circonio desde 180 €. Las carillas duran 10–15 años; las coronas, 15–20. La diferencia de precio es lo bastante pequeña como para que la decisión sea clínica y no económica.
Con apiñamiento leve, sí. Una malposición importante se corrige mejor antes con alineadores — mover los dientes es más sano que tallarlos hasta otra posición.