Fumar no te descarta para un implante, pero duplica aproximadamente la tasa de fracaso publicada, y el daño ocurre en dos ventanas distintas.
Fumar no te descarta para un implante, pero duplica aproximadamente la tasa de fracaso descrita en los seguimientos a largo plazo, y hace el daño en dos ventanas distintas. La primera es la cicatrización: la nicotina contrae los pequeños vasos que irrigan la zona operada, así que el tejido recibe menos sangre justo cuando más necesita. La segunda es a largo plazo, porque el fumador pierde hueso alrededor del cuello del implante más rápido y desarrolla periimplantitis con más frecuencia. Al implante le da igual que fumes; al hueso que lo rodea no.
Más allá de la nicotina están la temperatura y la presión. El humo llega al paladar lo bastante caliente como para irritar una herida reciente, y la succión de dar una calada puede alterar el coágulo del alveolo igual que provoca alveolitis seca tras una muela del juicio. Por eso aquí la prohibición durante las primeras 72 horas es absoluta, y por eso preguntamos también por el vapeo: la succión es idéntica aunque no haya productos de combustión.
Pedimos no fumar una semana antes de la cirugía y al menos dos semanas después, y decimos claramente que reducir no es lo mismo que dejarlo. Si nos dices que no vas a dejarlo, te tratamos igual, pero lo dejamos registrado, solemos añadir una revisión de cicatrización hacia el día diez y la conversación sobre la garantía es otra. Ocultarlo no ayuda a nadie: un cirujano planifica distinto ante un fumador, y saberlo antes vale mucho más que la confesión posterior.
Fumar mucho mueve algunas decisiones. En una arcada completa podemos preferir seis implantes en vez de cuatro para repartir la carga si una zona falla, lo que añade unos 600 a 900 € al precio de partida de 2.900 € del All-on-4. En un caso unitario podemos hacer el trabajo por fases en lugar de cargarlo de inmediato. Nada de eso es un castigo; es el mismo principio que aplica cualquier cirujano cuando la capacidad de cicatrización está reducida de forma medible.
Una semana antes y al menos dos semanas después es nuestro mínimo, y cuanto más tiempo, mejor. Los pequeños vasos de la encía recuperan buena parte de su respuesta normal a las pocas semanas de dejarlo.
Elimina los productos de combustión, pero mantiene la nicotina y la succión, y aquí las dos cosas importan. Aplicamos al vapeo la misma regla absoluta de 72 horas que al tabaco.