Todos los casos desastrosos comparten las mismas señales — y casi todas aparecen por escrito antes de que el paciente suba al avión.
Una cifra global sin desglose; ninguna marca de implante nombrada; y un precio que cambia cuando preguntas qué queda excluido. Un plan serio detalla cada unidad, cada material y todo lo no incluido.
Ningún TAC pedido antes de presupuestar una boca completa; ningún dentista tratante con nombre; y un plan redactado por un comercial en lugar de un clínico. Diagnosticar solo con fotos es marketing, no odontología.
Sin garantía por escrito; sin protocolo de seguimiento; y sin respuesta a '¿quién lo arregla si algo falla el segundo año?'. Las clínicas que prevén reintervenciones lo dicen sin rodeos, porque forman parte de la odontología.
Pide el número del Certificado de Autorización de Turismo Sanitario, el nombre del dentista y la marca del implante — en un solo mensaje. La rapidez y la precisión de la respuesta lo dicen casi todo.
No. La ventaja de precio de Turquía es real y estructural. El problema son las clínicas que recortan en clínica y no en gastos — y la lista anterior las separa.