La mayor parte del mal aliento la producen bacterias del dorso posterior de la lengua y no el estómago, y el colutorio en el que confías suele ser la razón de que vuelva.
Las bacterias anaerobias degradan proteínas de los restos de comida y de las células descamadas, y los subproductos son compuestos volátiles de azufre: la misma química que el huevo podrido y la col vieja. La mayor parte de esa población vive en la capa del tercio posterior de la lengua, en surcos a los que un cepillo nunca llega. Cepillar la parte visible de delante de la lengua sirve por tanto de poco, mientras que un raspador pasado desde tan atrás como puedas tolerar hace casi todo el trabajo.
Las bolsas periodontales de más de cuatro milímetros son espacios resguardados y pobres en oxígeno donde prosperan justo las bacterias equivocadas, y un empaste desbordante o un margen de corona abierto crea la misma trampa en miniatura. La saliva es el enjuague propio del cuerpo. La respiración bucal, decenas de medicamentos comunes y los colutorios con alcohol la reducen, y por eso un enjuague que huele limpio veinte minutos puede dejar la sexta hora notablemente peor.
Los cálculos amigdalinos, el goteo sinusal crónico, el reflujo, la diabetes mal controlada con su nota dulce a acetona y, raramente, la enfermedad hepática o renal producen un olor que ningún tratamiento dental toca. Alrededor de uno de cada diez casos queda fuera de la boca. Si las encías están sanas, la lengua se limpia bien y el olor persiste, la siguiente cita corresponde a un otorrinolaringólogo o a un médico.
La exploración es un periodontograma completo con profundidad de bolsas, la revisión de cada margen de restauración y una mirada al flujo salival y a la medicación. El tratamiento es raspado, sustitución de márgenes filtrados, raspador lingual y un protocolo corto de zinc o clorhexidina. Lo que no hacemos es tratar la halitosis con carillas. La cerámica nueva sobre bolsas no tratadas huele igual seis semanas después, y el paciente ha pagado para nada.
Ahuecar las manos no funciona, porque estás habituado a tu propio olor. Lame el dorso de la muñeca, espera diez segundos y huélelo, o raspa el fondo de la lengua con una cuchara de plástico. Ambos son más burdos que una medición de laboratorio y ambos son informativos.
Solo si las restauraciones viejas en mal estado eran el origen real, que es una minoría de los casos. Diagnostica primero. Quien propone un diseño de sonrisa como solución a la halitosis sin sondar tus encías está vendiendo, no tratando.