Las fotos de resultados de otras personas son la peor herramienta de planificación posible: tu anatomía marca el techo.
La estructura ósea, el grosor de la piel, la tendencia cicatricial y la asimetría previa determinan lo que es alcanzable. Una nariz que favorece a un rostro no funciona sobre otro cráneo, y una piel gruesa sencillamente no puede mostrar una punta afinada.
Todos los rostros y todos los cuerpos son asimétricos. La cirugía mejora la simetría; no crea una simetría perfecta, y señalar las diferencias previas antes de operar es señal de un cirujano cuidadoso, no de uno pesimista.
Los resultados más satisfactorios son cambios que nadie sabe nombrar. Los amigos dicen que se te ve bien, no que se te ve distinto. Los pacientes que buscan un cambio que todo el mundo note suelen ser los que vuelven descontentos.
Si el resultado fuera el 80 % de lo que imaginas, ¿seguirías alegrándote de haberlo hecho? Si la respuesta es no, la brecha de expectativas es demasiado amplia, y un buen cirujano te lo dirá.
Sí: ante objetivos poco realistas, una imagen corporal inestable o cuando el balance riesgo-beneficio no favorece la cirugía. Esa negativa forma parte del servicio.