Seis meses de pérdida rápida, una meseta que asusta a todo el mundo y unos hábitos que deciden la década siguiente.
Dos semanas de líquidos claros y luego completos, y dos más de puré. El reto no es el hambre: es acordarse de beber lo suficiente entre comidas, porque no se puede beber durante ellas. La deshidratación es el motivo más frecuente de reingreso.
La mayoría pierde el 40–50 % del exceso de peso en esta ventana. La caída de pelo hacia el tercer mes es habitual y pasajera: la causan la pérdida rápida y la menor ingesta de proteína, no la cirugía en sí.
La pérdida se frena mucho y muchos pacientes se asustan. Es fisiológico: el gasto metabólico baja con la masa corporal. La respuesta es proteína, entrenamiento de fuerza y paciencia; no comer menos, que provoca pérdida de músculo.
Proteína primero en cada comida, 90 minutos de actividad a la semana como mínimo, analítica anual y sinceridad con el picoteo: la conducta más asociada a la reganancia tras una manga.
A menudo, hacia los meses 3–5, y vuelve a crecer. Proteína, hierro, zinc y B12 suficientes lo reducen.