De cuatro a seis meses, y luego desaparece por completo — esa es a la vez la respuesta honesta y el sentido entero del método.
El bótox gástrico dura de cuatro a seis meses y después desaparece por completo, y esa es a la vez la respuesta honesta y el sentido del método. La toxina botulínica inyectada en la pared muscular del estómago enlentece el vaciado gástrico y relaja el antro, así que la comida permanece más tiempo y la saciedad llega antes. Las terminaciones nerviosas se regeneran a su propio ritmo. Cuando lo hacen, el efecto cesa por completo y no se difumina en ningún cambio permanente.
El mismo día, no. El apetito suele cambiar entre el tercer y el décimo día, algo que sorprende a los pacientes que esperan que se accione un interruptor mientras aún están en reanimación. El procedimiento en sí es una endoscopia de veinte minutos con sedación, sin incisión y sin ingreso, por 900 €, y esa misma noche comes con normalidad. Si en la tercera semana no ha cambiado nada, es poco probable que cambie, y preferimos revisar el plan antes que decirte que sigas esperando.
Se puede dar una segunda sesión cuando la primera se ha ido, y algunos pacientes encadenan dos o tres ciclos mientras trabajan los hábitos. Haz las cuentas antes de comprometerte con ese camino. Tres sesiones en dieciocho meses son 2.700 €, cerca de los 2.800 € de un balón gástrico y no lejos de los 3.800 € de una manga, sin la durabilidad de ninguno de los dos. Repetir el bótox tiene sentido como puente, no como plan.
El bótox gástrico encaja con alguien cuyo IMC ronde el final de los veinte o el principio de los treinta y necesite un empujón controlado para que una dieta cuaje, o con quien deba perder diez kilos antes de una operación no relacionada. No es cirugía de la obesidad y no lo presentamos como una versión barata de ella. A todo paciente que se lo hace aquí se le ofrece además un plan con dietista, porque la inyección compra meses de contención más fácil y nada más.
Damos un rango realista de ocho a quince kilos durante los meses activos, y eso con una dieta en paralelo. Quien prometa veinticinco kilos con una inyección te está vendiendo algo. Es un apoyo a la dieta, no un sustituto de ella.
No hay antídoto, pero no hace falta ninguno — el efecto se va solo en cuatro a seis meses. Esa reversibilidad es su principal ventaja frente a la cirugía, y es exactamente el motivo por el que no puede dar un resultado quirúrgico.