Trae fotografías, la lista de tu medicación y las preguntas por escrito: las que olvidas son siempre las que importaban.
Fotografías, mediciones o pruebas de imagen según tu procedimiento, y una historia clínica con medicación, alergias, cirugías previas y tabaquismo. Solo entonces da su opinión el médico: cualquier cosa que te digan antes de la valoración es una conjetura.
Un plan por escrito con la técnica, el cirujano, el número de sesiones o unidades, el precio total, lo que queda excluido y el tiempo de recuperación previsto. Si falta alguno de esos puntos, pídelo antes de decidir.
¿Quién realiza el procedimiento? ¿Cuál es el resultado realista para mi anatomía? ¿Cuáles son las tres complicaciones más probables? ¿Qué pasa si necesito una revisión? ¿Con quién contacto al volver a casa?
Una consulta no es un compromiso. Llévate el plan, consúltalo con la almohada, pide una segunda opinión. Cualquier presión para decidir ese mismo día es motivo para irse: las buenas clínicas tienen la agenda llena y no la necesitan.
Sí, incluida la valoración con fotos y un plan por escrito, decidas seguir o no.