La grasa es tejido propio y dura toda la vida — pero solo sobrevive el 60–70 %, y justo por eso los rellenos siguen teniendo su sitio.
Los rellenos de ácido hialurónico son predecibles, inmediatos, reversibles con una enzima e ideales para volúmenes pequeños y precisos — labios, surcos lagrimales, una giba nasal. La grasa gana en volumen mayor: mejillas hundidas, sienes, desinflado facial general.
La grasa injertada necesita aporte de sangre. En torno al 60–70 % sobrevive a los tres primeros meses y luego se queda de por vida; el resto se reabsorbe. Los buenos cirujanos hipercorrigen algo y te avisan de que el resultado de las dos semanas no es el final.
Rellenos: ninguna, algún hematoma menor. Injerto de grasa: inflamación de 1–2 semanas, más una zona donante que necesita compresión. Esa diferencia suele decidir a quien tiene que volver al trabajo.
Una sesión de injerto de grasa, 2.400 €, frente al mantenimiento con rellenos cada 9–15 meses a 250–500 € por sesión — una o dos jeringas, desde 250 € cada una. La grasa gana en aritmética; los rellenos, en precisión y reversibilidad.
No con facilidad — ese es el peaje de la permanencia. Los rellenos se disuelven en horas si el resultado no te gusta.