Las orejas nunca son idénticas, ni siquiera antes de operar. El objetivo realista es una diferencia que nadie note a distancia de conversación, no un reflejo.
La simetría perfecta no existe, ni antes ni después de operar. Fotografía cualquier cara y encontrarás diferencias de altura, de proyección y de forma del borde entre los dos lados; pasan desapercibidas porque las dos orejas nunca se ven juntas y enfocadas. Medimos ambas orejas en la consulta —distancia del hélix a la mastoides en tres puntos, altura de la oreja y posición del lóbulo— y te enseñamos las cifras, porque una diferencia que se puede medir suele ser una diferencia que nadie ve.
Corregir solo la oreja prominente rara vez da un resultado equilibrado. Las dos orejas tienen distinta rigidez del cartílago, distinta anatomía del pliegue y distinto comportamiento cicatricial, así que igualar una oreja nueva a una intacta es perseguir un objetivo que no puedes ajustar. Operar las dos permite enfrentarlas entre sí en la misma sesión, contigo incorporado y un espejo en la mano. El coste añadido es pequeño; la ganancia en simetría no.
La proyección y el pliegue antihelicoidal responden bien; el tamaño y la posición vertical, en general, no. Podemos acercar una oreja a la cabeza, crear o profundizar el pliegue que debería curvarse por la parte alta y reducir una concha demasiado profunda. No podemos hacer una oreja apreciablemente más corta, subirla en el cráneo ni igualar un lóbulo situado a otra altura sin añadir una cicatriz. Si tu asimetría es sobre todo de altura y no de proyección, la otoplastia te decepcionará y te lo diremos.
Una diferencia residual de dos a tres milímetros entre ambos lados a la altura de la parte alta de la oreja es un buen resultado, e invisible en la vida normal. Juzga el resultado a los tres meses, no a las tres semanas: la hinchazón es asimétrica durante la curación y una oreja se asienta antes que la otra de forma habitual. La otoplastia desde 1.600 € cubre las dos orejas, el cirujano, el quirófano y el seguimiento. Una revisión, si de verdad hace falta, no se plantea antes de los seis meses.
A veces, cuando la diferencia es pequeña y la oreja normal ya tiene una forma ideal. Lo más frecuente es operar las dos, porque igualar una oreja remodelada a una intacta es más difícil que ajustar las dos a la vez.
La hinchazón hace que se vean desiguales las primeras semanas. La forma está asentada en general a los tres meses y es definitiva a los seis, que es cuando valoramos bien la simetría.