El remolino, la superficie y el riesgo de perseguir una caída progresiva hacen de la coronilla un problema de planificación, no técnico.
El pelo de la coronilla forma una espiral desde un punto central. Recrearla con los ángulos correctos es mucho más difícil que el flujo paralelo hacia delante de una línea frontal, y los errores resultan obviamente artificiales desde atrás — donde tú nunca los ves y todos los demás sí.
La coronilla es una cúpula: su superficie real es mucho mayor de lo que parece en una foto. Cubrirla con densidad puede consumir 2.500–3.500 injertos por sí sola — a menudo más que todo el frontal.
La pérdida en la coronilla suele progresar. Rellenarla a los 30 puede significar a los 38 un halo de pelo trasplantado rodeado de nuevas zonas despobladas, que exigirá más injertos de una donante ya medio gastada.
Primero el frontal; la coronilla después o nunca. Si la línea frontal enmarca la cara, casi todos los pacientes parecen transformados sin tocar la coronilla — y su reserva donante queda intacta para la década siguiente.
Sí, si la donante lo permite, pero por lo general recomendamos priorizar el frontal y reevaluar la coronilla a los doce meses.