No operamos de cirugía bariátrica a nadie menor de dieciocho años, y rechazamos estas consultas cada mes. Esto es lo que una familia debería estar haciendo en su lugar.
La cirugía bariátrica del adolescente es un campo real y legítimo, pero corresponde a centros pediátricos especializados con un endocrinólogo pediátrico, un psicólogo, un cirujano que opera niños y un equipo de seguimiento al que la familia pueda acudir durante la próxima década. Una clínica a tres mil kilómetros que ve a un chico de dieciséis años durante cuatro días no puede aportar nada de eso. Por eso no operamos a nadie menor de dieciocho años, y lo decimos en el primer mensaje y no después de una señal.
El índice de masa corporal de un niño se lee como percentil frente a su edad y su sexo, no como número absoluto, y una cifra que le alarmaría en un adulto puede ser del todo normal a los once años. Por encima del percentil noventa y cinco está la definición de obesidad en la infancia. La primera cita corresponde a un pediatra, que revisará la función tiroidea, la resistencia a la insulina, la tensión arterial y las enzimas hepáticas, y valorará causas endocrinas, genéticas y farmacológicas más raras antes de hablar de nada más.
Las intervenciones con mejor historial son las que implican a toda la familia y no las dirigidas al niño. Las bebidas azucaradas salen de casa por completo, se come en una mesa y no delante de una pantalla, se meten sesenta minutos de movimiento en el día y se protege el sueño en nueve a once horas. Señalar a un niño con una dieta mientras la casa come de otra forma fracasa sin falta. En un niño que aún crece, mantener el peso estable mientras aumenta la altura resuelve buena parte por sí solo.
Los padres que viajan para su propia manga preguntan a menudo por un adolescente en casa, y la respuesta honesta es una derivación a una unidad de obesidad infantil de su país, que con gusto les ayudamos a buscar. La odontología es distinta: tratamos a niños de forma habitual junto a sus padres, en las mismas instalaciones acreditadas y con los mismos estándares. Decir no a una cosa y sí a otra no es una evasiva, es el límite de lo que podemos hacer bien.
A los dieciocho, con la misma valoración que cualquier otro adulto. Por debajo derivamos, sea cual sea el índice de masa corporal, porque el seguimiento que necesita un paciente en crecimiento no se puede dar desde otro país.
Algunas están autorizadas en adolescentes en algunos países, y esa decisión corresponde a un especialista pediátrico que conozca al niño. No es algo que se organice a distancia ni que se compre por internet.