La supervivencia del injerto se decide en las primeras 72 horas, y casi toda pérdida evitable ocurre en una almohada o en la ducha.
Duerme boca arriba a 45° con un cojín de viaje alrededor del cuello para que nada roce los injertos. Una sola noche boca abajo puede desprender decenas de folículos colocados a la perfección.
El primer lavado lo hacemos en la clínica el día dos o tres y te enseñamos la técnica: loción para ablandar las costras, agua templada vertida con un vaso, nada de presión de ducha, nada de frotar, secar a toquecitos. Repítelo a diario hasta que las costras desaparezcan hacia el día 10–14.
Alcohol y tabaco una semana (ambos restringen la perfusión), gimnasio y sauna dos semanas, sol directo un mes, piscinas tres semanas, gorras que aprieten en vez de apoyarse diez días.
Suele aparecer en los días 2–4 y puede llegar a los párpados. Es la gravedad desplazando el líquido de la anestesia, no una infección. Dormir incorporado y una compresa fría en la frente — nunca sobre los injertos — lo resuelve.
Perder alguno de forma aislada es normal. Perder varios en un mismo lavado significa que la técnica es demasiado agresiva — escribe a tu coordinador con una foto.